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La reproducción de los tequeños

Las Tías

Si algo hermana a este gentilicio es la sensación expectante que se crea en una fiesta ante una frase anhelada: «Allí vienen los tequeños». Posiblemente el mesonero llegue con la bandeja en alto, consciente de lo que desata ese gesto. Y ante esa presencia crujiente,  ya no caben más diferencias  y  comienza un deporte nacional democrático y extendido: sobre una servilleta o en la mano, se reservan, mínimo, cuatro o cinco. «Algo ocurrió cuando la gente comenzó a decir en las fiestas ‘no te embasures con el caviar que vienen los tequeños», comentó el chef Sumito Estévez durante su ponencia en Mistura, Perú, el año pasado mientras se repartían 500 tequeños con salsa de ají dulce entre la audiencia.

Si algo está demostrado es que el apetito del venezolano por los tequeños parece insaciable. Tanto, que ya derrumbaron la barrera de las fiestas, llegaron a las salas de cine, se extienden en la carta de los restaurantes, se acomodan en las loncheras, se venden en innumerables marcas para preparar en casa  y comienzan a mostrarse en el planeta.
Un contingente local, en su mayoría de mujeres, se dedica en varias empresas y a diario, a ese gesto imposible de reproducir por una máquina: con paciencia de tejedoras, envuelven cada trozo de queso con una tirita de masa que lo recubrirá totalmente. Y aunque el consumo crezca, esa labor sólo puede ser artesanal. «El enrollado es muy importante. Ellas le van dando vueltas y apretando», cuenta Fernando Ríos de Tequechongos.

Cada día, ese batallón mayormente femenino elabora miles de tequeños para calmar el insaciable apetito venezolano. En las nueve plantas de Alimentos Mulcoven -los primeros en apostar por los tequeños congelados, con 43 años en el mercado y artífices de las marcas K-t-dra y Gressi-, se precian de elaborar un millón de tequeños al día con esos esmeros manuales que exige cada uno. En Las Tías, una empresa familiar apostada en el Centro Comercial San Luis, el gesto se repite en manos de 17 mujeres que elaboran con destreza 20.000 tequeños de hojaldre diariamente. En Tequechongos, un contingente elabora 22 millones de estos pasapalos al año, según las cuentas de su gerente de mercadeo. En Festejos Mar elaboran, mínimo, 7.000 al día. «En promedio, de 1.000 pasapalos que servimos, 400 son tequeños», cuenta Jorge Rodríguez a cargo de las cocinas de ese gigante de las fiestas.

En esta agencia de festejos emblemática, con más de cuatro décadas, saben que en este país ningún pasapalo destrona al monarca. «Puedo sacar muchos gourmet, pero pasa la bandeja de tequeños y todo el mundo los va a agarrar». Allí se repite la misma receta propuesta por la fundadora, Berta Rodríguez de Rodríguez, le compran el queso blanco duro artesanal al mismo proveedor y el tequeño es un punto de honor para todo el equipo. «Es nuestro eslogan. Es lo que impulsó la fama de Festejos Mar. Si un solo cliente dice que no están iguales, aquí se prende la alarma. Pero eso no pasa mucho». En vista de que ya era frecuente que les pidieran bandejas para llevar incluso fuera del país, decidieron sumarse a la avanzada de los tequeños congelados para freír en casa, los elaboran con su marca y los tienen en algunos supermercados de Caracas.

«El tequeño es súper noble», dice Fernando Ríos, gerente de mercadeo de Tequechongos, los primeros en apostar por  ofrecerlos listos  junto a las chucherías de los cines. Y aunque ya no tengan esa vitrina, conocieron el furor que  desataron entre las butacas. «Fue un boom. Se convirtió en el segundo producto más vendido luego de las cotufas». La idea de esta iniciativa creada por el ingeniero Enrique Croes y cuatro socios, fue precisamente ofrecerlos listos para el mordisco fuera de las fiestas.  En 2009 salieron de los cines, pero siguieron creciendo. En 2005 crearon franquicias para ofrecerlos en centros comerciales y la idea ya se reproduce en 50 locales. Desde junio del 2011 se sumaron al contingente de tequeños congelados que se venden en 240 supermercados.

Las tres socias de Las Tías -una propuesta familiar y más pequeña- también aprovecharon el apetito insaciable por los buenos tequeños. Lilia Carrera es jubilada de la empresa petrolera, su hija Lilia, publicista, y su sobrina Eva Carrera, graduada en Diseño.  Ellas se enorgullecen de haber sido las primeras en ofrecerlos de hojaldre, comenzaron hace 13 años llevándolos ellas mismas a las casas donde les encargaban  y haciendo la laboriosa masa de hojaldre con rodillo. Todo lo hacían ellas mismas. Ahora tienen tienda propia en San Luis, más de una decena de empleados y presencia oronda en varios supermercados.

Quienes los elaboran, aprovechan que el tequeño ya no es bocado exclusivo de fiestas y se devora a toda hora. «Está en la sangre del venezolano. Es como los símbolos patrios. Y ahora los tienes en todos lados. En el cine. En la escuela. En el estadio. En el restaurante. Es el aperitivo perfecto en el momento adecuado», dicen al unísono en Alimentos MulcoveN. Esta empresa en manos lusitanas que comenzó hace 42 años elaborando las arepitas de TropiBurguer, se precia de haber sido la pionera de ofrecer los tequeños congelados en supermercados.  Los elaboran bajo distintas marcas propias (la más emblemática es K-t-dra) y para terceros, a ritmo de vértigo. Los ofrecen incluso en las dos mayores cadenas de cines, estrenaron su propia franquicia para proponerlos listos en centros comerciales, y se preparan para la cruzada extra fronteras. «El tequeño comenzó a exportarse en la medida que salían los venezolanos. Cada uno tiene amigos afuera a quienes se lo da a conocer.», dice Nataly Landaeta, gerente de mercadeo. 

Ellos están convencidos del promisorio futuro de este pasapalo venezolano en el planeta. «Hemos hechos focus group en Estados Unidos y se vuelven locos», cuentan y aseguran que ya tienen peticiones de lugares tan disímiles como Londres o Libia.

Los tequeños de estirpe local conquistan fronteras: pueden ser servidos por un joven chef venezolano en Dinamarca y ya toman una cadena de cines en México  en manos de Tequechongos. «La gente no los conoce y es como un proceso de evangelización. Pero una vez que los prueban, les gustan. Tienen mucho potencial afuera», dice Ríos. Ellos han recibido peticiones de lugares tan disímiles como Irlanda o Arabia Saudita para llevarlos. Una valiosa acotación. «Decimos que es de tradición venezolana». Si el tequeño toma el mundo, que se honre como un orgullo de este gentilicio

Por Rosanna Di Turi González

Periodista especializada en gastronomía, editora de esta página. Convencida de que nuestros sabores son un gustoso lugar de orgullo y encuentro para este gentilicio. Fue gerente editorial de la revista Todo en Domingo de El Nacional y autora de los libros ABC del Vino, Ron de Venezuela y El legado de Don Armando. Twitter: @Rosannadituri

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