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Cuidado con lo criollo por Diana Garrido de @lacasadelviento

Las Tías

Por Diana Garrido @lacasadelviento

A menudo nos seducen ofertas de «pollos Criollos» o de hortalizas que se ofrecen como «criollitas» y hay que tener un poco de cuidado con eso y preguntar un poco más al vendedor.

Una de las razones por las que nos dejamos seducir por la procedencia de los alimentos es porque hacemos pocas preguntas o preguntamos solamente ¨¿eso es criollo?» Pues no sabría desde cuándo, pero muchísimas personas creen que «criollo» es libre de agrotóxicos, libre de hormonas, libre de alimentos industriales, es decir, lo que muchos llamarían animales o vegetales orgánicos y la verdad que no es así.

Como lo describió de manera inmejorable una amiga, criollo ya viene a ser «lo crío-yo», pero lo trato casi como la gran industria. Yo no entendía cuando mis vecinos en Mérida me decían «es que no conseguimos alimento para las gallinas», hasta que un día les comenté que había visto bultos de maíz y me contestaron «noooooo, estamos buscando del otro alimento, porque si no las gallinas no ponen». Allí cabe la pregunta de cómo es que antes del alimento industrial las gallinas ponían huevos. Además la industria hace llamar a estas galleticas «alimento balanceado». Y yo me pregunto si puede ser balanceado un producto donde al menos el 80% son carbohidratos.

Frente a esto, cientos de restaurantes botan restos de comida: hojas de lechuga marchitas que no funcionaban para hamburguesas, cáscaras de zanahorias y papas, hojas exteriores de repollos y miles de cosas más. ¿No hay alimento o nos olvidamos de hacer las cosas bien? Hay maneras de aprovechar lo que ahora se desecha para que haya menos basura en los basureros y más animales con alimentación realmente balanceada. La ecuación suena lógica y beneficiosa.

Cuando le digan huevo, pollo, gallina criolla, usted pregunté ¿Qué le dan de comer? ¿Andan sueltos? Y realmente todo lo que se le ocurra. Está en su derecho preguntar como consumidor. Nos hemos olvidado de nuestros derechos como consumidores.

Peor aún, nos venden animales «beneficiados». Me pregunto en qué consiste el beneficio de nacer en cautiverio, no moverse de un pequeño espacio toda una vida, comer con monotonía y morir.

Igual pasa con los vegetales. Cuando no los cosecho del huerto o le compro a nuestros confiables proveedores, acoso a preguntas, seguramente fastidiosas, a los vendedores. Primero averiguo si son productores o intermediarios y amo cuando se corresponden con lo primero. Un productor puede llegar a ser tu mejor aliado, y si produce con conciencia, tu mejor amigo, el médico «indirecto» de la familia, por aquello de que la salud entra por la boca. La falta de ella también.

Cuando ya sé que estoy hablando con un pequeño productor le pregunto «¿y qué le echa a ese cilantro?», por ejemplo. Debo confesar que muero de alegría cuando escucho: «los venenos están muy caros y hace tiempo que no hemos podido comprar». El verdadero beneficio me lo llevo a casa: como en paz, sé de dónde vienen los alimentos que consumimos, y sí, seguro me moriré de cualquier cosa común, pero mientras,¿ habré tenido calidad de vida.

Por Diana Garrido

Diana Garrido es la artífice de @lacasadelviento en Mérida. Allí, en su casa apostada en las montañas, tiene un restaurante con su huerto, ofrece talleres de cocina y prepara conservas artesanales. Propone una comida gustosa y sana con énfasis en los productos locales

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