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Cómo se hace un escocés

Keith Law pertenece a una casta de pocos integrantes: Luego de 33 años en la industria del whisky, ostenta el título de master blender. 

Quien detalle con mirada acuciosa una botella del recién estrenado Buchanan’s Master verá que tiene su rúbrica, estampada con orgullo. Y eso de por sí, refrenda él, habla de una obra que mereció cuido.

Durante tres años estuvo encargado de este escocés que se apuesta entre el Buchanan´s De Luxe y el 18 años, con una personalidad propia y un gusto que lo hermana a la familia. “Tiene el espíritu de la casa Buchanan´s: es fresco y ligero, pero más aromático que el De Luxe”. Mientras lo creaba, recuerda, siempre sentía que debía ser fiel a una herencia. «Sentía la mirada de James Buchanan sobre mi hombro». 

Como en el resto de los whiskies de la familia, tiene importante acento el whisky de malta de Dalwhinnie, destilería apostada en un paraje remoto y apacible de las Highlands escocesas que le otorga ciertos tonos florales. Pero también, en ese matrimonio de más de 20 whiskies que conforman esta mezcla, están las notas a peras y manzanas que otorgan las maltas de Speysade y el toque ahumado de las islas, que en esta casa es más sutil que en los whiskies de Johnnie Walker, como él acota.

En la etiqueta no se anuncia la edad y Law explica, con la pasión del creador, que esa condición puede ser una camisa de fuerza. “Cuando un whisky anuncia la edad, eso significa que él más joven de la mezcla tiene los años que dice la etiqueta. Esos son whiskies más complejos. Aquí buscamos un sabor único, más fresco, que no depende de los años en barrica”.

Al hacer sus pruebas para elegir los whiskies que irán a la mezcla, lo hacen en copas azules para no ver el color, no dejarse influenciar por los años y escoger sólo porque el aroma les otorga lo que están buscando. “Si en la etiqueta dice 12 o 18 años, no pudiera usar un whisky de 10 años que, por su aroma, es ideal para esa mezcla”.

Así, van derritiendo como el hielo el paradigma de los años y ofrecen alternativas que buscan seducir de otra manera. «La gente quiere saber más de whiskies. Y tener herramientas para, a la hora de tomarlo, poder decir algo más que simplemente, es ‘bueno». 

A la hora de tomarlo él ofrece las señas del perfect serve para su creación: servirlo puro con un poco de hielo. Y en un vaso aparte, agua con gas, para ir alternando los sorbos. Claro, como buen escocés siempre apostilla que la mejor manera de tomar el whisky es como cada quien prefiera.

Por Rosanna Di Turi

Periodista especializada en gastronomía, editora de esta página. Convencida de que nuestros sabores son un gustoso lugar de orgullo y encuentro para este gentilicio. Gerente Editorial de la revista Todo en Domingo de El Nacional y autora de los libros ABC del Vino, Ron de Venezuela y El legado de Don Armando. Twitter: @Rosannadituri

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