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Picantes de todos los colores

Juan Montemayor quedaría marcado por un ritual en casa de su abuelo en Los Andes. “Echaba dos cucharadas del ajicero a su comida. Probaba. Sudaba. Tomaba algo y suspiraba de satisfacción. Supe que allí había una magia”. Y cómo esas impresiones indelebles suelen ser señas de algún destino, este arquitecto en ejercicio decidió un día llevar su pasión por los ajíes a un nivel mayor.

Hace cinco años, alguien lo invitó a vender en un bazar, dijo que sí sin medir las consecuencias, y tiempo después estaba con sus picantes a la venta que logró colar con una sabia estrategia. “Los puse en el puesto de hamburguesas. Y dije, si a alguien le gustan, que pregunten por el catire que está en el fondo”.

Así comenzó su emprendimiento llamado ahora Montemayor y alborotó una pasión confesa por el picante que lo ha llevado a crear más de una decena de coloridos tipos más ediciones limitadas para los más arriesgados. Antes de ir a su oficina, se enfunda su rol de maestro ajicero y procesa rocotos, ajíes amarillos, guindillas y elabora 120 frascos diarios para calmar el gusto de quienes, cómo él, buscan variedad en el picor.

Todo comenzó al ver un vacío sobre la mesa. “Me llamaba la atención que aquí, cuando pides picante, te suelen traer solo Tabasco”. Ahora comparte sus hallazgos. “He entendido que la gente está deseosa de descubrir nuevas sensaciones del paladar. Cuando pruebas picante, hay liberación de endorfinas. Y allí entiendo la cara de mi abuelo”.

En su propuesta tiene picantes moderados y otros más intensos por una razón sencilla. “El que come ají es poco humilde. Y aunque sude al probarlo, dice ‘eso no pica”. Para esa clientela especial ha creado ediciones limitadas, de 60 frascos, con nombres que delatan su intensidad como Cicuta. “Es una locura. Siempre se acaba”.

De paso, por esas hermandades del ají, descubrió un doctor que cultiva ajíes que se encumbran como los más picantes en la escala planetaria. De esa alianza de fuego, seguramente surgirán nuevas versiones.

Montemayor tiene más de una decena de propuestas, desde el dulce, pasando por el picante rojo hasta el verde, uno morado –con remolacha- y el ají postre, con naranja amarga. Los ofrece en varias tiendas de productos gourmet y artesanales. Twitter: @maestroajicero.

Por Rosanna Di Turi González

Periodista especializada en gastronomía, editora de esta página. Convencida de que nuestros sabores son un gustoso lugar de orgullo y encuentro para este gentilicio. Fue gerente editorial de la revista Todo en Domingo de El Nacional y autora de los libros ABC del Vino, Ron de Venezuela y El legado de Don Armando. Twitter: @Rosannadituri

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