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La permanencia del Carso

Las Tías

Los fieles del Carso Bar saben que si pasan por allí, encontrarán al barman Pedro Canelo en la barra, al igual que en los últimos 31 años, preparando sus emblemáticos Bloody Mary como siempre. Que Ramón Melo estará elaborando el característico steak tartar de la casa con vigor, cuchara, tenedor y la veteranía que le dan 24 años en el sitio. Que allí estará Francisco Prego hijo, al igual que estuvo su padre durante toda su existencia, para recibir a las visitas con nombre y apellido. Y que ante la caja está su esposa, como lo hizo la madre de Francisco, por toda su vida.

Una puerta anuncia, gracias a una placa, que data desde 1969. Pero si alguien estima que el local tiene 41 años, pues equivoca sus cálculos. “Esa es la fecha de la fundación del bar, pero antes, en 1955, mi padre compró una pastelería llamada Carso que transformó en restaurante estilo fuente de soda. El nombre tiene 57 años”, cuenta Francisco Prego.

Así, en el edificio Galipán, tenían dos lugares con el mismo bautismo: el bar, decorado por Paz Y Guerra (quien también ideara el primigenio Le Club) con sobriedad masculina y ciertas reminiscencias de pub inglés. El mismo que atrajera en sus inicios a una camada de publicistas que lo hicieron su lugar de encuentro fijo e imaginaran allí buena parte de las campañas de la época. “De aquí salió hasta el jingle de “Ese gocho sí camina”, cuenta el anecdotario Prego.

Luego vendrían otras oleadas de clientes: “Cuando establecieron la bolsa de Caracas venían los yuppies. Ahora son más los abogados”. Y aunque las profesiones cambien , la fidelidad se mantiene. “Aquí ya recibimos hasta tres generaciones de los clientes de siempre”. En la barra aguarda un fiel que lo certifica: va casi todos los días, desde hace dos décadas. Hace 13 años, cuando se enteraron que demolerían el edificio Galipán, Premio Nacional de arquitectura en que el que tenían su domicilio, decidieron ser fieles a sí mismos y apostaron por algo que parecía improbable: mudaron todo el mobiliario a un local de la torre contigua, donde se llevaron desde el techo de madera hasta la barra caoba pasando por los sofás y las mesas.

Allí, en ese entorno familiar y conocido siguen sirviendo su asado negro los viernes, su emblemático Chateaubrand, los pepitos de la casa o los 15 steak tartar que habitualmente preparan por día. Francisco Prego, quien empezara a trabajar allí desde pequeño recibiendo el merecido pago por ayudar, sigue con la misma gentileza y a cargo desde 1983, relevando a su padre, quien muriera hace cuatro años. “El estaba en el negocio siempre. Creo que murió porque se fue de viaje”.

¿El secreto para perdurar? “El trato personalizado y la amistad con los clientes de años. Conocemos tanto a la gente que viene, que cuando alguien no ha venido antes, ya sabemos, apenas traspasa la puerta, que es nuevo”.

Carso está en la avenida Francisco de Miranda, edificio Centro Seguros Sudamérica, nivel Planta Miranda, El Rosal. Teléfono: 0212 9512797.

Por Rosanna Di Turi González

Periodista especializada en gastronomía, editora de esta página. Convencida de que nuestros sabores son un gustoso lugar de orgullo y encuentro para este gentilicio. Fue gerente editorial de la revista Todo en Domingo de El Nacional y autora de los libros ABC del Vino, Ron de Venezuela y El legado de Don Armando. Twitter: @Rosannadituri

Una respuesta a «La permanencia del Carso»

Con placer leí el artículo. Yo trabajé ahí cuando tenía 18 años y conocí mucha gente importante de la época tengo muchos gratos recuerdos del Sr Paco. Señora Pili y el hijo que apenas estudiaba economía .

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