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Herencia de café

 

 

La pasión que sentimos por el café corre en el ADN de cualquier venezolano.

El café entra en Venezuela en 1730, y se siembra por primera vez en las riberas del rio Caroní, traído por los monjes jesuitas desde las islas del Caribe. Llega al valle de Caracas, y es cuando esta  infusión comienza  a despertar fervor. Se hacían grandes fiestas para celebrar las primeras cosechas: era algo mágico, mítico e histórico.

Habían más de 40 haciendas productoras de café, tan solo en Caracas. El grano continuó su paso hasta llegar a los Andes venezolanos, que en definitiva, es una de las mejores tierras para que el cafeto de el mejor fruto.

En ese entonces se tomaba café infusionado, guayoyo: colao pues. En manga, media, o filtro de tela. Fue la mejor manera que aprendimos para poder tomar café.

El gran sisma ocurrió después de 1950, con la llegada de los italianos a Venezuela, que han hecho de ésta su patria. Los europeos en general, y toda la camada de inmigrantes que llegaron al país buscando nuevos horizontes, nos han dejado una gran herencia que es evidente en la gastronomía.

¿Sabían Uds que Venezuela es el segundo país con mayor consumo per cápita de pasta? Por su puesto, después de Italia. Y precisamente por eso, es que destacamos con sabor cafetero del resto de nuestros vecinos latinoamericanos. Esta herencia nos marcó, al punto de definir un sabor y un criterio. Fuimos el primer país de Latinoamérica en importar máquinas de espresso, cosa que  nos llena de orgullo.

Parte de esta herencia, nos la ha dejado Café Vómero. Recuerdo los cuentos de mi nonno, que recordaba cómo los domingos se encontraban todos los paisanos en la Plaza Altamira, y se iban a pie, a tomar café donde “el italiano” de La Carlota.

Pero no solamente Vomero. Billares Nico en la Av. Victoria, Café Lecuna en Boleita, Café Sucre en Chacao, y muchos otros que han dejado su herencia, y mucho más allá de fama y dinero (ya que son bastante modestos estos locales) el legado es invalorable.

Con la llegada de las máquinas de espresso, se hizo vital un buen café. Así nació Café San Antonio, de manos de una familia italiana, ofreciendo un homenaje al tostado. Hoy por hoy son líderes del mercado de cafetines.

“Los italianos no tienen un grano de café. Pero han hecho de su preparación, ciencia, arte, antojo, religión e historia”, asegura el profesor Alberto Soria en el prólogo de mi libro Pasión por el café.

Si hacemos un estudio de cómo tomar café en casa, los resultados arrojarán que un gran porcentaje toma café en  grecca (la moka italiana) y la otra parte colado en manga. Pues la grecca se la debemos también a los italianos.

Aunque hoy en día hay infinidad de detractores del estilo italiano de tostar y manejar el café, hay que darle al César lo que es del César. Estoy muy agradecido como venezolano, de esta mezcla cultural que enriquece  nuestro patrimonio gastronómico.

 

 

Por Pietro Carbone

Confeso apasionado del buen café, se ha consagrado a divulgar cómo lograrlo. Aprendió barismo en Italia, logró su certificado también como catador y ofrece cursos de barismo. Tiene su blog Diario de un barista y escribió el libro Pasión por el café. Su Twitter: @carbonespresso. Su blog: carbonespresso.blogspot.com.

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