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Encuentro de cacao y chocolate en Jardines Topotepuy

Por Rosanna Di Turi @Rosannadituri 

María Fernanda Di Giacobbe, artífice de Cacao de origen y de bombonería Kakao, no descansa en su cruzada por el cacao y los chocolates venezolanos. En 2016 mereció la primera edición del Basque Culinary World Prize, un premio para chefs con iniciativas transformadoras promovido por Basque Culinary Center. En sintonía con la labor que le mereció ese reconocimiento, este año comenzó, en alianza con esa institución y otras como Cavenit, Cámara de Comercio Venezolano-Italiana, nuevos talleres dedicados a emprendedores.

En sus palabras, estas cátedras que tienen lugar en la Hacienda La Trinidad, en Caracas, van más allá de lograr buenas tabletas. “Aprendemos a hacer chocolate y a subir la calidad de lo que hacemos, pero también Cacao de origen se ha transformado en una escuela de ciudadanos para ser mejores venezolanos: aprendemos de música o de arquitectura, de rones. Lo que está saliendo de aquí es un nuevo venezolano”. El siguiente ciclo de cursos será en agosto y septiembre y versará sobre bombonería para quienes cursaron la primera etapa.

Para celebrar el cierre del primer ciclo de esos talleres se ha organizado un evento en los Jardines Topotepuy para los días 2 y 3 de junio. Allí, el sábado, será la graduación de las 134 emprendedores que culminaron los cursos. y ambos días se ofrecerán a la venta chocolates elaborados por distintos emprendedores, habrá charlas sobre cacao y chocolate, catas de ron, chocolate y café, actividades para niños y un homenaje a quienes han dedicado su vida al cacao.

Por parte de Topotepuy el anfitrión será el arquitecto paisajista Ricardo Fuenmayor, diseñador de Jardines Ecológicos Topotepuy. Allí estarán también Tequeños Las Tías, Fragolate Helados y Ron Carúpano.

Detrás de ese trabajo incansable de Di Giacobbe está la convicción de que el excelente cacao de Venezuela en una promesa cierta de porvenir que se trabaja desde ahora. “El cacao venezolano es un tesoro. No solo significa la mayor diversidad del planeta. El cacao significa la cultura del venezolano. Es un ADN común que, además, nos está diciendo yo fui el pasado, soy el futuro. El movimiento de cacao y chocolate va a hacer de este país el que llevamos en el corazón. Sí podemos y lo estamos haciendo todos los días”.

*La jornada botánica del cacao será en Jardines Topotepuy, 2 y 3 de junio. www.topotepuy.com. Las entradas están a la venta a través de su web.

Cacao de origen en Instagram: @cacaodeorigen

(Servicio de transporte disponible en Plaza Francia de Altamira. El precio de este servicio que no incluye la entrada al evento es de Bs. 500.000,00 por persona y por día de evento. Hora de salida de Plaza Altamira: 9:30 a.m. Hora de regreso a Plaza Altamira: 4:00 p.Para verificar cupos en el servicio de transporte y recibir instrucciones de pago, escribir a: transporte.chocoevento@gmail.com) 

 

 

 

 

 

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Las novedades de María Fernanda Di Giacobbe

Por Rosanna Di Turi @Rosannadituri 

María Fernanda Di Giacobbe es una multiplicadora de buenos anhelos con beneficios en plural. La creadora de Kakao bombonería, Cacao de origen y lugares como Soma café, estrenó este año en Río Caribe de Paria un taller escuela en el que se elaboran chocolates desde la barra y se difunden las herramientas para lograrlos. “Allí llega gente de Caripe o Ciudad Bolívar. Todos los días hay gente aprendiendo”.

Quien mereció el premio de la primera edición del Basque Culinary World Prize para chefs del mundo con iniciativas de impacto social, no descansa y dio con el lugar con historia personal para crear allí el taller que apoyará emprendedores con los fondos logrados en ese galardón. Será en el local donde tiempo atrás comenzara su historia de sabores en mesas públicas con La Paninoteca. “Allí tendremos 90 metros cuadrados reservados a laboratorio y 60 metros a aula de clases. También habrá una tienda. La idea es que las emprendedoras que se han formado con las alianzas de Trabajo y Persona, el Fondo Social Miranda o la Fundación Macuare, lleguen a otro nivel”.

La suma de esfuerzos de esas iniciativas, en las que Di Giacobbe ha sido aliada, ha logrado darle las bases a más de 8.000 emprendedoras para que logren sus propias iniciativas trabajando el chocolate. Ahora Di Giacobbe se empeña en que tengan un lugar donde avancen en ese conocimiento. “Lo más importante es sacar a la gente el ‘no’ de la cabeza. El no puedo porque no tengo dinero, por ejemplo”.

En ese camino, este año ha propuesto encuentros en el Trasnocho Cultural, situado en Paseo Las Mercedes. Varios lunes aprovechan que cierra su local Soma café para, con un grupo de empeñados en el buen chocolate venezolano, orientar a quienes se inician en estos emprendimientos para mejorar sus tabletas y empaques. Los que alcanzan un nivel superior pueden ofrecer sus creaciones en uno de los puestos de venta que están en la antesala de los teatros.

Tras estas apuestas está la convicción de alcanzar los logros con trabajo y el cacao venezolano cómo fuente de progreso. “El cacao es una guía. Siempre nos ha hablado, pero no lo hemos escuchado. Es identidad, es tradición, es economía”. En el camino plural por recorrer hay mucho por hacer. “Yo creo que tenemos que revisar nuestros valores. No hay porqué tratar de ser vivos ni decir que no hay oportunidades. Aquí hay que trabajar. ¿Con qué contamos? Con la gente que se levanta día a  día y sale a la calle a trabajar, aunque no tenga cauchos, ni medicinas”.

Fotografía: Rosanna Di Turi

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La ponencia de María Fernanda Di Giacobbe en Madrid Fusión 2017

Por Rosanna Di Turi (@Rosannadituri)

¨Solo se puede obtener bienestar si se comparte. En Venezuela hay una red que se transforma debajo de la tierra a través de las raíces de las plantas de cacao y se enlaza en chocolate en la superficie. En ella, mientras más damos, más tenemos. Es una red de comunicación, de transformación y transmisión de conocimientos¨, contó María Fernanda Di Giacobbe en Madrid Fusión 2017 el pasado 23 de enero en la entrevista que sobre el escenario le hiciera el reconocido chef Joan Roca.

La venezolana, artífice de Cacao de Origen y Kakao, fue invitada a este Congreso Internacional que es referencia tras ganar la primera edición del Basque Culinary World Prize, un galardón entregado por el Basque Culinary Center al chef del mundo con ideas transformadoras. En esta palestra mundial, María Fernanda demostró de nuevo porqué fue merecedora de ese reconocimiento.

Madrid Fusión es un evento referente en el mundo de la gastronomía que este 2017 cumplió 15 años. Allí coincidieron las ponencias de chefs de renombre como Andoni Luis Aduris, Juan Mari Arzak, Martin Berasategui, Albert Adrià o Mauro Colagreco. Antes de celebrarse el evento, el creador y presidente de este congreso, José Carlos Capel, recomendó la entrevista de Joan Roca con Di Giacobbe como una cita fundamental de esta edición.

Di Giacobbe llevó sus convicciones a esa palestra. También chocolates Cacao de origen, algunos de ellos elaborados con cacao de Arturo Samana de Macuare. ¨El es productor líder de la montaña mágica, no la de Thomas Mann, sino una que queda en Cúpira, Barlovento. Con él hemos aprendido que cada tableta de chocolate tiene el carácter de su productor¨. Otro elaborado con cacao cosechado por indígenas del estado Bolívar. Y barras elaboradas junto a Jessy Pino, emprendedora del chocolate con cacaos de los pueblos de la costa de Aragua.¨El paisaje tiene aromas, sabores y personas. Lo que más necesitamos es amar a las personas. Si logramos dar ese amor desde cualquier oficio que tengamos, todo va a cambiar muy rápido. Amemos. Comamos chocolate. Cambiemos al mundo¨, contó la venezolana para cerrar su ponencia.

Aquí compartimos parte de esta conversación la venezolana y el reconocido chef del El Celler de Can Roca (el segundo mejor del mundo según la lista The 50 best 2016) en una palestra que es referente en el mundo.

-Eres hija y nieta de cocineras, que te mandan a la Universidad en busca de un futuro mejor. Pero vuelves a los fogones. En años consigues montar 15 restaurantes en Venezuela, y después de leer un cartel en una chocolatería de Barcelona te lanzas al mundo del cacao. En aquel cartel ponía “todos nuestros bombones están elaborados con el mejor cacao del mundo: cacao venezolano”. ¿Qué sentiste? ¿Fue aquella frase la que lo cambió todo?

-Sí. Fue una iluminación, aparecía la iglesia de Chuao, un pueblo mítico por la calidad de su cacao para la elaboración de chocolates inolvidables. Allí las mujeres cosechan, fermentan y secan el cacao al ritmo de cantos y bailes, a bajas temperaturas y con el viento de la brisa marina. Como dices, nací en una casa gastronómica, rodeada de mujeres dedicadas a los fogones y que vivían de hacer dulces deliciosos.

En esa visión se juntaron varias ideas y mi infancia. La primera: Entender a Venezuela como país cacaotero. Hablamos de un país lleno de cacaos maravillosos, con una biodiversidad enorme y origen de los cacaos criollos de semillas blancas. Teníamos una tradición centenaria de exportadores de cacao y buenas fábricas de chocolate como La India o El Rey. La segunda: Utilizar el oficio de la gastronomía para convertir todas esas recetas de dulces tradicionales venezolanos en bombones. Hasta ese momento las bombonerías eran europeas. Entonces empezamos y creamos un bombón venezolano que se identificó con nuestra memoria gustativa, nuestras costumbres e identidad.

– En la actualidad tienes tres proyectos relacionados con el cacao, con la formación y con el cambio social en Venezuela. ¿Puedes explicarnos más en detalle en qué consisten Proyecto Bombón, Cacao de Origen y Proyecto San Benito?

-Nos invitaron a dar talleres de estos bombones venezolanos en distintas partes del país. Rubén Carrero, un hombre incansable que trabaja en el Fondo Social de la gobernación de Miranda, es parte de estas actividades a las que llamamos Proyecto Bombón. Al llegar a las zonas cacaoteras, se te nublan los ojos de tanta belleza y la abundancia de frutas. Desde muy pequeña me fascinaba ver cómo distintos ingredientes se convertían en productos y estos en recursos y dinero. Ese dinero era una energía que podíamos cambiar por todo lo que necesitábamos.

Las clases en las comunidades nos mostraron que ese paisaje era puro recurso y los talleres se multiplicaron, se volvieron un mensaje. En el suelo las raíces de los árboles de cacao han tejido una red y esa red es una transmisión de conocimiento y saberes, es educación y busca tecnología. Las personas que aprenden enseñan a otras, buscan soluciones, construyen máquinas. El cacao nos guía y en la superficie nos enlaza el chocolate.

Proyecto San Benito es una alianza con la Asociación Civil Trabajo y Persona, liderada por otro motor, Alejandro Marius y un equipo maravilloso. Juntos capacitamos mujeres de bajos recursos. Tuvimos la idea de hacer pedidos corporativos desde nuestros laboratorios junto a las emprendedoras del chocolate. La ganancia de esa actividad genera más talleres y cursos para ellas.

Cacao de Origen es un lugar de encuentro para el estudio y la promoción de nuestros cacaos y chocolates inspirado en el Bean to bar. Hacemos chocolates desde la semilla. Allí es bello ver juntos a emprendedoras, productores, estudiantes, profesores e investigadores, a 40 productores de cacao liderizados por un pionero como Arturo Somana que recuperó las plantaciones casi olvidadas de su abuelo. Allí llegan personas de Bolívar y Amazonas con cosechas nombradas por primera vez con su nombre de origen. El consumidor venezolano se ha hecho parte de este movimiento, lo apoya con su compra, sus ideas y sus opiniones.

De mi madre y mi familia aprendí que todo lo que uno desea se consigue con el trabajo diario, que el dinero es una energía que brota de nuestra creatividad y oficio, que es abundante si somos generosos, que se multiplica sin límites como la naturaleza y que esa riqueza nos hace profundamente felices cuando la compartimos. Todos tenemos conocimientos para compartir y así lo hemos estado haciendo.

– ¿Por qué tu apoyo a las mujeres? ¿Cuál es su papel en las comunidades productoras?

-Al llegar a muchas comunidades son las mujeres las que de forma oral preservan las recetas, métodos ancestrales y la familia. Son ellas quienes cuidan el futuro de los hijos. En las costas los hombres cosechan del mar, las mujeres el cacao. Las mujeres trabajan juntas, están conectadas con la tierra y la comunidad, con la ancestralidad, el presente y el futuro. En Venezuela las mujeres del cacao cosechan por la temperatura del fruto o el sonido hueco sobre la corteza del mismo.

– Tu trabajo ha comenzado a dar frutos. Por eso te creímos merecedora del Basque Culinary World Prize. Hay una frase tuya, preciosa: “Cada vez que elaboramos un bombón, construimos un país. Trabajar en colectivo es la manera de cambiar realidades” ¿Qué cosas has intentado cambiar y no has podido?

-Somos muchos, este premio pertenece a miles de personas que trabajan por un mejor futuro para nuestro cacao, las que siembran, fabrican bombones, chocolates y productos del cacao. Los escritores y periodistas que con profesores e investigadores han hecho posible que el cacao sea un tema en cada región de nuestro país.

Hace 12 años queríamos tener muchas chocolaterías, chocolateros y bomboneros. Era impensable que tantas personas volvieran a las plantaciones de sus antepasados o fundaran nuevas siembras, que se unieran cocineros, pasteleros y noveles chocolateros a productores para aprender toda esa sapiencia. Hoy recorren el país para descubrir orígenes y fundan plantaciones y pequeñas empresas. Hay competencia pero juntos es mejor.

Las mujeres del cacao tuestan a leña y los estudiantes de cocina en hornos de convección. Ambos comparten maneras y sacan ediciones juntos. Vicente Franceschi dice que el cacao ha despertado de su letargo, ese letargo de petróleo y minerales que nos alejó del campo. El cacao vive en nosotros, germina en un nuevo futuro y florece para dar libertad y más frutos. Soñamos con la prosperidad que ofrece el trópico en cada uno de sus habitantes.

Esa semilla puede volver a ser una conexión con la tierra y el universo, con lo terrenal y lo celestial. Con el alimento, la prosperidad y el bienestar.

El cacao es milenario, es sabio, es guardián de la naturaleza y en Venezuela guardián de nuestra identidad. El cacao está sembrado en cada uno de nosotros, germina en todos los que lo nombran y florece en nosotros cuando trabajamos con él.

– Eres una entusiasta, una luchadora incansable, pero seguro que en el camino ha habido luces y sombras ¿Cuál ha sido tu mayor decepción? ¿Y qué te ha hecho sentir más feliz a lo largo de todos estos años de reivindicaciones?

-La industria del cacao ha debido tener una inversión semejante a la que se hizo con el petróleo y estamos lejos de eso. Este movimiento de cacao y chocolate, es de ciudadanos y empresas. Nos gusta ver estantes llenos de chocolates hechos por emprendedores y productores, innovaciones gastronómicas con todos los derivados del cacao y nuevos productos.

– Tu mensaje es de esperanza, de superación, de confianza en el futuro. ¿Qué le pides a la vida, o solo le das gracias, como decía la canción de Violeta Parra?

-Les doy gracias a ustedes y a Madrid Fusión por estar hoy aquí como voz parte de este movimiento.

Las personas somos emprendedores por naturaleza. Los seres humanos somos creadores desde el alma. Hay algo que tenemos dentro y queremos expresar. Una luz que nos hace únicos, una intención, una fuerza, una idea.

Le pido a la vida darnos la fuerza para ver esa luz, hacerla crecer y apoyar esas ideas que hay en cada emprendedor. Cada emprendedor es una persona de cambio para nuestra sociedad.

En muchos países necesitamos justicia, seguridad, prosperidad, una visión que beneficie a todos sus ciudadanos antes que los intereses particulares.

Una tableta de chocolate elaborada desde la semilla describe el paisaje en la boca. Su degustación está llena de detalles aromáticos, y constituye una experiencia sensorial que indica una denominación de origen a través de su genética, su ubicación y su entorno cultural.

En Venezuela hacemos chocolates desde la semilla y bombones junto a mujeres productoras de cacao y emprendedoras del chocolate, inspirado en maestras como Amanda García, Doña Petra, Ifigenia Laya y apoyados por muchas personas, instituciones como la Cámara de Comercio Italiana en Venezuela, embajadas e industrias.

En nuestro país la historia se narra a través del cacao, hay un nuevo presente y este movimiento de cacao y chocolate es la plataforma de oficio y trabajo que construye el país que deseamos. Esto restaura nuestras plantaciones, nuestra identidad y nuestro espíritu.

 

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Las convicciones de María Fernanda

Por Rosanna Di Turi (@Rosannadituri)

Fotografía Javier Volcán (@jdvolcan)

El año en que María Fernanda Di Giacobbe decidió apostar por el cacao venía de hacerle frente a una cascada de reveses. La cocinera venezolana, con el ímpetu inagotable por el trabajo que heredó de su familia, tenía en 2003 diez restaurantes levantados a pulso. Entre ellos estaba el pionero, la emblemática Paninoteka que abrió hace 30 años cerca del edificio de Pdvsa, en La Campiña. “De un día para otro tuve que cerrar nueve. De algunos me botaron, como del Café La Estancia. Solo quedó Soma”, recuerda. Varios estaban situados en áreas gubernamentales y no le permitieron seguir. La calle donde estaba La Paninoteka cerró. Otros no aguantaron los embates del paro. “Estaba como  varios cocineros en ese momento: viendo cómo afrontar la quiebra”.

Di Giacobbe no abandonó la sonrisa. Solo pensaba en qué empresa iniciar desde las cocinas con una convicción: “Quería un concepto venezolano”. La epifanía le llegó frente a una fotografía del pueblo de Chuao que estaba colgada en una bombonería española.
Allí vio la luz para comenzar un nuevo camino de chocolate, donde ha sabido hablar en plural, trabajar sin descanso por reivindicar el cacao venezolano y convertirlo en herramienta para que productores y emprendedores salgan adelante. “En ese momento decidimos encerrar en bombones los sabores de postres criollos que aprendí en mi casa con mi mamá y mis tías. Y fue un concepto muy poderoso”.

Esa fue la génesis de Kakao Bombones. Doce años después, esa siembra está dando frutos que se seguirán multiplicando. En 2013 estrenó Cacao de Origen en la Hacienda La Trinidad, una tienda y laboratorio donde los chocolates se logran desde los granos de productores que apuestan por los necesarios esmeros poscosecha. Cada tableta cuenta desde quién es el productor hasta cuál es el origen del cacao que allí se expresa. “Creamos un lugar de encuentro para productores, chocolateros y emprendedoras donde la marca es Venezuela y la vocación, educar”.

Allí empezó a tejer una red que sabe a entusiasmo de chocolate, dentro y fuera de Venezuela. Y se comenzaron a multiplicar los proyectos con buen propósito. Este año estrenará otra escuela laboratorio Cacao de Origen en Río Caribe de Paria en alianza con la posada Caribana. En Mérida y con distintos socios planifica otra en las cercanías del cacao del Sur del Lago. Y en lo que será el futuro Trasnocho de La Castellana planea otro laboratorio en años venideros.

Mientras viaja incansable en este camino, que un día la lleva a Japón y otro a Ciudad Guayana, recibió en julio la noticia que fue un gustoso espaldarazo mundial a su cruzada. Fue elegida como la chef de ideas transformadoras en la primera edición del Basque World Culinary Prize, un premio al que fue nominada entre un centenar de renombrados cocineros del planeta que propician mejoras en su comunidad.

El premio de 100.000 euros otorgado por el Basque Culinary Center servirá para concretar un sueño. “Este reconocimiento es una responsabilidad muy grande. Servirá para crear en Caracas una escuela de emprendedores del chocolate, en la que se aprenda a hacer tabletas y bombones desde el grano. Tendrá su siembra de cacao, sus cajas de fermentación y patio de secado. Que más gente conozca el círculo completo desde el grano al chocolate nos hará más independientes”.

Di Giacobbe cocina una convicción que encarna en hechos. “Hoy pienso que en este país parte de la solución es que todos los trabajos estén ligados a lo social”.

En Kakao comenzó a recorrer un camino en el que no se ha detenido. Junto al Fondo Social Miranda empezó a visitar comunidades cacaoteras en Barlovento para enseñarles a hacer bombones. “Allí entendí cómo el cacao es parte de la herencia, familia y tradiciones de esas comunidades. Es guardián de nuestra identidad”.

En 2008 iniciaron los cursos, que luego se multiplicaron en otros lugares y gracias a nuevas alianzas, como con la Asociación Civil Trabajo y Persona. “Desde entonces se han formado 8.500 emprendedoras del chocolate”, afirma. Una red que seguirá creciendo con su silenciosa fuerza telúrica.

Se dice que quien entra en el mundo del cacao, felizmente no sale de él. Que es un enamoramiento perdurable y exigente. Di Giacobbe lo puede constatar. “A mí me ha permitido compartir lo que llevo dentro. Mi cocina, mi vocación de servicio, la infinita fe de que sí podemos construir país”.

Han transcurrido, cuenta ella, 30 años desde que inició su primer emprendimiento con La Paninoteka. Y desde entonces amasa otra convicción. “Hemos creado modelos de negocios que son orgánicos y replicables. Muy venezolanos y femeninos, que no se rigen por páginas de Excel. Que no buscan el enriquecimiento de uno sino la prosperidad de todos. Donde se construye no por horarios, sino por metas. Nacen de una necesidad económica y de cómo convertir el trabajo en dinero que permita lograr cosas maravillosas. Es el modelo de que juntos es posible”, dice siempre en plural.

Ella, que acaba de superar una enfermedad que no la detuvo, florece siempre en una apuesta que incluye, suma y multiplica para todos. “Creo que el cacao es el país que podemos ser. Nos puede unir en una plataforma de empresas familiares, comunitarias y nacionales que logren bienestar para muchos”.

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María Fernanda Di Giacobbe, ganadora del Basque Culinary World Prize

Por Rosanna Di Turi (@Rosannadituri)

Fotografía Javier Volcán (@jdvolcan)

María Fernanda Di Giacobbe, incansable y tenaz, siempre habla de los logros en colectivo. «Lo hacemos realidad juntos. Imaginemos lo que podemos lograr desde hoy», compartía emocionada luego de enterarse que fue la primera ganadora del premio entregado por el Basque Culinary Center al chef con ideas transformadoras.

¨Ganar este premio es una responsabilidad muy grande. Te hace enfocarse mucho¨. Y ya construye los lineamientos de un proyecto que levantará con este  galardón: una escuela de emprendedores del chocolate en Caracas que enseñe cómo trabajar desde la semilla de cacao hasta lograr tabletas o bombones. ¨La idea es que también tenga un jardín clonal de cacao, cuarto de fermentación y patio de secado para hacer todo el trayecto desde el grano¨, cuenta María. Buscan ahora un posible terreno en Baruta, pero posiblemente comenzarían en la casa Sananbaya de Los Guayabitos. ¨Es impresionante como mucha gente se ha ofrecido a apoyar, incluso de otros países como Italia¨.

Fueron 110 nominados de todo el planeta. Luego 20 finalistas entre los que se contaban otros destacados colegas del mundo como el chef brasileño David Hertz, creador de Gastromotiva, con quien se encontró recientemente en Brasil, para coincidir en la necesidad de unir esfuerzos y en un hallazgo. ¨Me decía que desde 2004 algo cambió en el planeta y muchos cocineros comenzaron con proyectos de impacto social¨. Ese año María Fernanda se inició en el tema del cacao para cambiar de existencia. ¨El cacao ha sido una forma de dar todo lo que soy. La cocina, la vocación de servicio y la fe inifinita de que sí podemos construir país¨.

El jurado del Basque Culinary World Prize estuvo conformado por chefs de renombre planetario como Joan Roca, Massimo Botura, Ferrán Adria y Heston Blumenthal.

Este 10 de julio decidieron que el premio de 100.000 euros, lo merecía esta chef venezolana quien destinará los fondos al proyecto con trascendencia social que la ocupa.  “La ganadora refleja el valor que puede dar la cocina de la ciencia a la conciencia. En torno a un símbolo gastronómico como el cacao, articula esfuerzos que inciden positivamente en toda la cadena que involucra el chocolate. Es además, un ejemplo inspirador, que refleja el poder que puede ser la gastronomía, independiente de cuan complejo sea el contexto. Los chefs sí pueden marcar la diferencia”, dijo Joan Roca, presidente del jurado.

La chef venezolana respondió al reconocimiento con sus propósitos siempre presentes. “Llevaremos la luz que viene con este premio a cientos de emprendedoras, productores y chocolateros convertida en escuela, entusiasmo y trabajo. Nos acercará a nuestras metas y se abrirán nuevos horizontes para conectarnos con el mundo, por eso, y por la confianza que nos da el Basque Culinary World Prize, estamos tremendamente agradecidos en Venezuela”.

María Fernanda ha emprendido una invaluable labor desde su trabajo por el cacao y el chocolate que involucra la formación de miles de emprendedoras (en alianza con la asociación civil Trabajo y personas y el Fondo Social Miranda), el apoyo a productores del cacao para la mejora de sus procesos de post producción y a chocolateros con miras a que el cacao venezolano sea trabajado en excelencia y se convierta en motor de progreso para Venezuela.

El premio felizmente llega cuando está creando una nueva escuela laboratorio Cacao de origen en Río Caribe de Paria en alianza con la Posada Caribana. Allí sus gustosos propósitos son de gran alcance. Entre los que suman está “promover las capacidades productivas de pequeños y medianos productores de cacaos de Paria. Mejorar la calidad del Cacao Río Caribe y otros cacaos originarios de la zona para que compita exitosamente en mercados internacionales. Capacitar fabricantes de chocolate artesanal. Fomentar una nueva forma de hacer turismo, dirigido al sector cacaotero».

Igualmente imagina y planea más escuelas laboratorios: ora en Caracas en lo que será un nuevo Trsnocho en La castellana, y otra en Mérida.

Es un premio que se celebra y que con seguridad se multiplicará en más y mejores noticias para el país desde su cacao y chocolates. María Fernanda Di Giacobbe estaba en el evento Guayana sabe bien en la antesala de la noticia. Allí mereció también tuvo un homenaje que celebró con las frases que siempre recuerda para invitar al trabajo en colectivo por la excelencia: “Cada vez que sembramos una mata de cacao proyectamos nuestro futuro. Cada vez que temperamos chocolate templamos nuestro espíritu. Cada vez que elaboramos un bombón construimos un país” .