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Las novedades de María Fernanda Di Giacobbe

Por Rosanna Di Turi @Rosannadituri 

María Fernanda Di Giacobbe es una multiplicadora de buenos anhelos con beneficios en plural. La creadora de Kakao bombonería, Cacao de origen y lugares como Soma café, estrenó este año en Río Caribe de Paria un taller escuela en el que se elaboran chocolates desde la barra y se difunden las herramientas para lograrlos. “Allí llega gente de Caripe o Ciudad Bolívar. Todos los días hay gente aprendiendo”.

Quien mereció el premio de la primera edición del Basque Culinary World Prize para chefs del mundo con iniciativas de impacto social, no descansa y dio con el lugar con historia personal para crear allí el taller que apoyará emprendedores con los fondos logrados en ese galardón. Será en el local donde tiempo atrás comenzara su historia de sabores en mesas públicas con La Paninoteca. “Allí tendremos 90 metros cuadrados reservados a laboratorio y 60 metros a aula de clases. También habrá una tienda. La idea es que las emprendedoras que se han formado con las alianzas de Trabajo y Persona, el Fondo Social Miranda o la Fundación Macuare, lleguen a otro nivel”.

La suma de esfuerzos de esas iniciativas, en las que Di Giacobbe ha sido aliada, ha logrado darle las bases a más de 8.000 emprendedoras para que logren sus propias iniciativas trabajando el chocolate. Ahora Di Giacobbe se empeña en que tengan un lugar donde avancen en ese conocimiento. “Lo más importante es sacar a la gente el ‘no’ de la cabeza. El no puedo porque no tengo dinero, por ejemplo”.

En ese camino, este año ha propuesto encuentros en el Trasnocho Cultural, situado en Paseo Las Mercedes. Varios lunes aprovechan que cierra su local Soma café para, con un grupo de empeñados en el buen chocolate venezolano, orientar a quienes se inician en estos emprendimientos para mejorar sus tabletas y empaques. Los que alcanzan un nivel superior pueden ofrecer sus creaciones en uno de los puestos de venta que están en la antesala de los teatros.

Tras estas apuestas está la convicción de alcanzar los logros con trabajo y el cacao venezolano cómo fuente de progreso. “El cacao es una guía. Siempre nos ha hablado, pero no lo hemos escuchado. Es identidad, es tradición, es economía”. En el camino plural por recorrer hay mucho por hacer. “Yo creo que tenemos que revisar nuestros valores. No hay porqué tratar de ser vivos ni decir que no hay oportunidades. Aquí hay que trabajar. ¿Con qué contamos? Con la gente que se levanta día a  día y sale a la calle a trabajar, aunque no tenga cauchos, ni medicinas”.

Fotografía: Rosanna Di Turi

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La tendencia de los chocolates hechos desde el grano

Rosanna Di Turi @Rosannadituri 

En Venezuela, donde el cacao es una bendición por aprovecharse en todo su potencial, hay emprendimientos artesanales que trabajan desde el grano mostrando cómo cada tipo de cacao permite lograr chocolates distintos.

Las tabletas hechas con este espíritu se suman a una tendencia mundial bautizada Bean To Bar que comenzó a tener resonancia a partir de 2005, gracias a chocolateros artesanales de Estados Unidos que decidieron elaborar tabletas para expresar las bondades de distintos cacaos, sin distraerse con más ingredientes.

¨Son chocolates donde se cuida el proceso desde la semilla a la tableta, con solo dos ingredientes fundamentales, cacao y azúcar. En ellos hay trazabilidad: es decir se sabe de dónde es el cacao y quién es el productor. Son ediciones limitadas¨, cuenta María Fernanda Di Giacobbe, quien desde Cacao de Origen ha sido clave en la multiplicación de estas iniciativas.

El joven chocolatero Diego Ceballos, que la acompaña en esta propuesta, recuerda los postulados de un movimiento que se multiplica en distintos lugares del planeta. ¨Tras los chocolates Bean to Bar hay una filosofía. Hablan de valores como la transparencia, porque hay una relación directa con el productor. Recogen un solo origen del cacao por tableta. Y ameritan trabajar con granos con buen trabajo post cosecha¨.

La tendencia es un camino para mostrar en sabores parte de las infinitas posibilidades que ofrece contar en el país con la mayor diversidad de cacao fino del mundo. Y en tiempos adversos, son iniciativas que traen buenas noticias. ¨Creo que es un movimiento bueno para el país, que apunta a las denominaciones de origen. Aquí se busca la calidad en todo el proceso y ha llevado al regreso de jóvenes de nuevo a la tierra¨, comparte Di Giacobbe.

En el camino varias propuestas se han sumado a la tendencia que tiene en el país una gran posibilidad. ¨Venezuela es el país con más cultura cacaotera. Trabajar con cacao y chocolate es hacerlo con identidad. No es algo impuesto. Está en nuestro ADN. Y la gente vuelve a su centro. Es la hora de cambiar una historia cruel por una de bienestar y prosperidad¨, comparte Di Giacobbe.

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Del cacao al bombón en Canoabo

 Rosanna Di Turi (@Rosannadituri)

Fotografía: Javier Volcán @jdvolcan

Una pequeña tienda localizada en Valencia, bautizada Valle Canoabo, cuenta la historia de una familia que decidió dedicar sus esmeros al cacao y el chocolate. Allí, Carolina Morales, luego de 14 años en la industria hotelera, dio el paso a su emprendimiento con bombones hechos por ella y el chocolate Canoabo elaborado desde el grano por su familia. Es un camino que enriquece el periplo que comenzó cuando su padre, Luis Morales, se retiró -después de 30 años en la industria del vidrio- para rescatar una antigua hacienda de cacao que estaba tomada por la maleza, en Canoabo, en los valles altos de Carabobo.

Allí, bajo centenarios árboles de sombra, como bucares y samanes, crecen de nuevo los cacaos, en un lugar con caminerías para que las visitas lo recorran con un guía los fines de semana. En la finca San Cayetano de Canoabo prosperan también los frutales que Morales sembró: desde naranjas hasta guanábanas y caimitos.

Allí se sumaron los cuidados de su hijo Rodrigo, que vigila el proceso desde la cosecha hasta que esos cacaos se fermenten y sequen en el patio que crearon con losas de antiguas haciendas. En un espacio diseñado con ese propósito lo transforman en las tabletas Canoabo, hechas desde la semilla. “Son artesanales con historia. Representan a un pueblo. Es el chocolate de Canoabo”, comparte Rodrigo.

Ese chocolate es, obviamente, la base de los bombones elaborados por Carolina Morales que, además de aprovechar frutos secos o ron, cuenta con rellenos hechos con las frutas sembradas en la finca de Canoabo: parchita o tamarindo chino, entre otras.

“Todo está vinculado a la naturaleza y al chocolate de Canoabo, que es muy frutal”,  cuenta quien comenzó a dedicarse formalmente a los bombones en enero de 2016, acondicionó un lugar en su casa para el laboratorio y a finales de diciembre estrenó la tienda en el centro comercial Las Chimeneas. Allí ofrecen los chocolates de la familia y de otros emprendedores, además de sus bombones.

*La tienda Valle Canoabo está en el centro comercial Las Chimeneas, en Valencia. En Instagram: @bombonvallecanoabo

*En la hacienda San Cayetano de Canoabo, Luis Morales y su hijo Rodrigo ofrecen recorridos turísticos para dar a conocer el proceso, desde la plantación hasta el chocolate. Lo hacen sábados y domingos. En Instagram @chocolatecanoabo

 

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Chocolates Herencia Divina, del grano a la barra

Por Rosanna Di Turi (@Rosannadituri)

Fotografía Javier Volcán (@jdvolcan)

Los creadores de Herencia divina. Fotografía Javier Volcán. gastronomiaenvenezuela.com

¨El chocolate es mi vida. Yo quiero seguir trabajando con ese tesoro que es el cacao venezolano», cuenta desde el convencimiento Miguel Rodríguez a sus 28 años.

En su cocina, una pequeña máquina Premier va conchando el chocolate hasta dar con la textura precisa. Allí, los granos que llegaron de Barlovento se traducirán en una barra con el sello de Herencia divina.

En enero de este 2016, Miguel y parte de su familia comenzaron a ofrecer estos chocolates hechos desde el grano (Bean to bar) y nueve meses después tienen seis tabletas distintas, que se concentran en cacaos de varios lugares de Venezuela y cuentan en sabores parte de la diversidad posible en este país con la variedad de cacaos finos más amplia del planeta.

Miguel hizo un curso de chocolatería con su hermana Andrea en KKO Real y con una máquina casera adaptada propusieron sus primeras tabletas. El joven chocolatero también ganó el primer lugar en un concurso de pastelería de esa marca y mereció un curso de tres días en la Chocolate Academy en Barcelona, España. En México hizo otro curso junto al chocolatero José Ramón Castillo.

En el chocolate felizmente han coincido los anhelos de varios miembros de la familia que se habían decantado por la cocina. En este emprendimiento está su hermana Andrea, que había estudiado pastelería. También Miguel Rodríguez padre, quien fuera pastelero y Omar Ramos, un primo que procura el contacto con sus productores.

Antes de lograr sus barras se fueron a distintas zonas productoras. Y los granos que eligen pasan por el necesario trabajo post cosecha. “Para este tipo de chocolates necesitamos que fermenten y sequen bien el cacao. Y por ello pagamos más”, cuenta Miguel. Y aunque comenzaron con una maquinita casera, ya invirtieron en una pequeña de conchado Premier y una máquina CocoaTown.

En su emprendimiento tienen una barra de Chuao gracias a una alianza con las artesanas de ese emblemático pueblo. Cuentan con una de granos de Macuare en Miranda y otra con Urama de Carabobo. También de Santa Isabel de Río Caribe y otra bautizada Sabores de mi tierra con un blend de granos de Sur del lago, Chuao y Río Caribe. Incluso preparan una tableta en alianza con Cacao de Origen con cacao del Sur del lago. Y otra en honor de la señora Petra, reconocida por su trabajo en el cacao de Barlovento.

«En el mundo del chocolate todos te quieren ayudar y son sumamente abiertos», cuenta Andrea para reafirmar esta elección a la que dedican todos sus esmeros.

El embeleso de esta familia felizmente está dando buenos chocolates que se celebran.

*Los chocolates Herencia Divina se consiguen en lugares como Tarros en el Mercado de Chacao, Sigo en la isla de Margarita, en el aeropuerto internacional de Maiquetía y en Gallina linda de San Antonio de Los Altos. En Instagram: @chocolateriaHd

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Las convicciones de María Fernanda

Por Rosanna Di Turi (@Rosannadituri)

Fotografía Javier Volcán (@jdvolcan)

El año en que María Fernanda Di Giacobbe decidió apostar por el cacao venía de hacerle frente a una cascada de reveses. La cocinera venezolana, con el ímpetu inagotable por el trabajo que heredó de su familia, tenía en 2003 diez restaurantes levantados a pulso. Entre ellos estaba el pionero, la emblemática Paninoteka que abrió hace 30 años cerca del edificio de Pdvsa, en La Campiña. “De un día para otro tuve que cerrar nueve. De algunos me botaron, como del Café La Estancia. Solo quedó Soma”, recuerda. Varios estaban situados en áreas gubernamentales y no le permitieron seguir. La calle donde estaba La Paninoteka cerró. Otros no aguantaron los embates del paro. “Estaba como  varios cocineros en ese momento: viendo cómo afrontar la quiebra”.

Di Giacobbe no abandonó la sonrisa. Solo pensaba en qué empresa iniciar desde las cocinas con una convicción: “Quería un concepto venezolano”. La epifanía le llegó frente a una fotografía del pueblo de Chuao que estaba colgada en una bombonería española.
Allí vio la luz para comenzar un nuevo camino de chocolate, donde ha sabido hablar en plural, trabajar sin descanso por reivindicar el cacao venezolano y convertirlo en herramienta para que productores y emprendedores salgan adelante. “En ese momento decidimos encerrar en bombones los sabores de postres criollos que aprendí en mi casa con mi mamá y mis tías. Y fue un concepto muy poderoso”.

Esa fue la génesis de Kakao Bombones. Doce años después, esa siembra está dando frutos que se seguirán multiplicando. En 2013 estrenó Cacao de Origen en la Hacienda La Trinidad, una tienda y laboratorio donde los chocolates se logran desde los granos de productores que apuestan por los necesarios esmeros poscosecha. Cada tableta cuenta desde quién es el productor hasta cuál es el origen del cacao que allí se expresa. “Creamos un lugar de encuentro para productores, chocolateros y emprendedoras donde la marca es Venezuela y la vocación, educar”.

Allí empezó a tejer una red que sabe a entusiasmo de chocolate, dentro y fuera de Venezuela. Y se comenzaron a multiplicar los proyectos con buen propósito. Este año estrenará otra escuela laboratorio Cacao de Origen en Río Caribe de Paria en alianza con la posada Caribana. En Mérida y con distintos socios planifica otra en las cercanías del cacao del Sur del Lago. Y en lo que será el futuro Trasnocho de La Castellana planea otro laboratorio en años venideros.

Mientras viaja incansable en este camino, que un día la lleva a Japón y otro a Ciudad Guayana, recibió en julio la noticia que fue un gustoso espaldarazo mundial a su cruzada. Fue elegida como la chef de ideas transformadoras en la primera edición del Basque World Culinary Prize, un premio al que fue nominada entre un centenar de renombrados cocineros del planeta que propician mejoras en su comunidad.

El premio de 100.000 euros otorgado por el Basque Culinary Center servirá para concretar un sueño. “Este reconocimiento es una responsabilidad muy grande. Servirá para crear en Caracas una escuela de emprendedores del chocolate, en la que se aprenda a hacer tabletas y bombones desde el grano. Tendrá su siembra de cacao, sus cajas de fermentación y patio de secado. Que más gente conozca el círculo completo desde el grano al chocolate nos hará más independientes”.

Di Giacobbe cocina una convicción que encarna en hechos. “Hoy pienso que en este país parte de la solución es que todos los trabajos estén ligados a lo social”.

En Kakao comenzó a recorrer un camino en el que no se ha detenido. Junto al Fondo Social Miranda empezó a visitar comunidades cacaoteras en Barlovento para enseñarles a hacer bombones. “Allí entendí cómo el cacao es parte de la herencia, familia y tradiciones de esas comunidades. Es guardián de nuestra identidad”.

En 2008 iniciaron los cursos, que luego se multiplicaron en otros lugares y gracias a nuevas alianzas, como con la Asociación Civil Trabajo y Persona. “Desde entonces se han formado 8.500 emprendedoras del chocolate”, afirma. Una red que seguirá creciendo con su silenciosa fuerza telúrica.

Se dice que quien entra en el mundo del cacao, felizmente no sale de él. Que es un enamoramiento perdurable y exigente. Di Giacobbe lo puede constatar. “A mí me ha permitido compartir lo que llevo dentro. Mi cocina, mi vocación de servicio, la infinita fe de que sí podemos construir país”.

Han transcurrido, cuenta ella, 30 años desde que inició su primer emprendimiento con La Paninoteka. Y desde entonces amasa otra convicción. “Hemos creado modelos de negocios que son orgánicos y replicables. Muy venezolanos y femeninos, que no se rigen por páginas de Excel. Que no buscan el enriquecimiento de uno sino la prosperidad de todos. Donde se construye no por horarios, sino por metas. Nacen de una necesidad económica y de cómo convertir el trabajo en dinero que permita lograr cosas maravillosas. Es el modelo de que juntos es posible”, dice siempre en plural.

Ella, que acaba de superar una enfermedad que no la detuvo, florece siempre en una apuesta que incluye, suma y multiplica para todos. “Creo que el cacao es el país que podemos ser. Nos puede unir en una plataforma de empresas familiares, comunitarias y nacionales que logren bienestar para muchos”.

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Los chocolates de Armando Canelón

Por Rosanna Di Turi (@Rosannadituri)

Fotografía Javier Volcán (@jdvolcan)

El cacao venezolano le dio al joven cocinero Armando Canelón el gusto de la pertenencia a esta tierra a través de los sabores. Y la pasión resultante ha tenido excelente resultado: desde octubre del 2014  propone sus propios chocolates elaborados desde cacaos que crecen en Carabobo con una calidad que se agradece.

Valenciano, ha vivido en distintos lugares de Venezuela y se formó en las cocinas de Escuela Hoffman de Barcelona, España. De la voz de un colega español recibió el consejo que lo llevó a su actual destino de chocolate: que se atara a algún producto de su tierra.

El cacao le hizo el guiño y él siguió ese llamado. Recorrió plantaciones de las costas de Aragua, buscó cacaos en lugares de Carabobo como Trincheras y San Esteban. Al final, se quedó con los de Urama que fermentan y secan en manos de Rodrigo Morales en Canoabo.

Canelón hizo el postgrado de cacao en la Universidad Simón Bolívar. Compró sus propias máquinas para hacer chocolate y se estrenó en este arte con sello propio. “Decidí elaborar chocolates de alto porcentaje (80%) con cacaos de Carabobo”, cuenta.

En esta iniciativa Bean to bar (como se le llama en el mundo a los chocolates elaborados desde el grano hasta la barra), asume todos los esmeros por cuenta propia. “Allí no hay otra mano que no sea la mía”.

En los meses que tiene su propuesta, ha ideado una tableta 80 por ciento y otras con gustos que recuerdan los sabores propios: tiene una de naiboa con casabe y papelón. Otro que recuerda a la chicha con arroz inflado. E imagina una tercera tableta en esa misma línea con gusto venezolano.

Con macadamias que crecen en Lara propone también una crema untable de chocolate. Bautizó sus creaciones como su nombre. Y tal es la pasión que desató este filón en su vida, que acaba de comprar un terreno en Paria para cultivar cacao.

“La ventaja que te da ser un chocolatero en Venezuela es que puedes ir a las plantaciones. Un europeo no puede hacerlo. Con esto siento que hago algo mío que tiene una historia que a los demás también les habla de pertenencia”.

 

*Armando Canelón está en Instagram como @chefcanelon. Sus chocolates se consiguen en Kaukai de Valencia, Cacao de origen de Caracas y en algunos bodegones de Porlamar. En octubre espera tener su propia tienda en Valencia.

 

 

 

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La cruzada de Chocolates Franceschi

Cuando Claudia y Mariela Franceschi decidieron elaborar chocolate artesanal con los insignes cacaos de las cosechas familiares, comenzaron literalmente en pequeña escala. “No teníamos dinero para hacerlo”, recuerda Claudia.  Con un ventilador descascarillaban el cacao en una labor que a veces culminaba ella manualmente, mientras esperaba en el trafico caraqueño. Una tostadora casera les servía para tostar el cacao.

Contaban sí, con una maravilla de raíces profundas. Ellas son la parte de la sexta generación de la familia Franceschi, que desde 1830 tiene una siembra de cacaos en Paria. La misma donde su padre y tíos decidieron comenzar la cruzada de rescatar varios cacaos criollos que ahora se reproducen tras un encuentro afortunado. El italiano Gianluca Franzoni, llegó de trabajo a Venezuela, se interesó por el cacao, los invitó a sembrar los mejores que él se los compraría y al llegar a Italia creo la reconocida firma Domori. Y los Franceschi retomaban con ahinco una historia que llevaban en sus genes.

Tenían cacaos trinitarios de la zona. Buscaron por el país los desperdigados criollos, los más excelsos del mundo,  abandonados a veces a su suerte en la maleza. Los mismos que solo representan 0,01 de la producción mundial y que en Venezuela se manifiestan con una diversidad inédita de más de 25 variedades.  Ahora cuentan con 8 variedades de los cacaos más excepcionales de semilla blanca.

Con éstas granos, la sexta generación comenzó a hacer chocolates artesanales en el 2008 de manera autodidacta y en una mesa prestada: la del bombonero Sander Koenen. Poco a poco pasaron de la licuadora al Termomix. Gracias al ensayo y error comenzaron con tres líneas en el 2009. Y ese chocolate de excepción que logran con la nobleza de esos cacaos, permitió que crecieran en máquinas, espacio, fieles y reconocimientos internacionales.

Ahora, estrenaron nuevos cambios en su fábrica artesanal y Chocolates Franceschi tiene dos líneas: Fina y Premium. En cada barra se cuenta de qué cacao provienen y en qué porcentaje. La más encumbrada traduce la riqueza de tres cacaos criollos en chocolates con 70 % de este grano: allí están el Canoabo, Choroní y Ocumare. “Debe haber pocos chocolates en el mundo con ese porcentaje de cacao criollo venezolano. La gente enloquece afuera con estos sabores. Nuestro cacaos son frutales, aromáticos. Tenemos una enorme diversidad y la queremos mostrar”, cuenta Claudia desde su pasión manifiesta.

Ellos se han encargado de apostar por los mejores cacaos y ofrecer chocolates que hablan de cada origen. Mientras en el mundo se propaga la tendencia de los chocolates Bean to bar (de la semilla a la barra), ellos van mucho más alla. «Somos del árbol a la barra. Cuidamos todos los pasos desde el cuidado de la planta hasta el empaque del chocolate que se hace a mano. Muchos de esos pasos son manuales», dice desde el conocimiento y la convicción del enorme potencial del excelente cacao venezolano.

Ahora anuncian que han sido nuevamente premiados con cuatro medallas de oro, plata y bronce en el International Chocolate Awards.

*Dónde conseguirlos: La línea fina está en 15 Farmatodo de Caracas, en Madame Blac (Las Mercedes), la cadena Fresh Fish, Cacao de origen (La Trinidad), La Praline (Los Palos Grandes). También en Centro Cacao del aeropuerto de Margarita y en Chocolates La Mucuy de Mérida. Su Twitter: @FranceschiChoco

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Los defensores del cacao criollo

Venezuela cuenta con una bendición que merece ser honrada. “El cacao venezolano se distingue en el mundo por su sabor y aroma. Sólo el 10 por ciento del cacao del planeta es trinitario y criollo, los más finos, los que prevalecen en Venezuela”, cuenta el ingeniero agrónomo Álvaro Gómez.

De ellos, los más insignes, son los criollos, los de semilla blanca. Los de elegancia excepcional cuya fama es un mito en el planeta. Los mismos que se pierden como una rareza entre muchas plantaciones y la maleza a la espera de ser rescatados, tratados con los cuidos que merecen y aprovechados como las joyas que son.

Por fortuna existen convencidos que se han dedicado a buscarlos. Álvaro Gómez es uno de ellos. Junto a iniciativas como Proyecto Paria y Hacienda San José, ha encabezado expediciones en el país para dar con esas plantas que aguardan rezagadas. Una de esos viajes ameritó 25 días internado en selváticos territorios de Paria para dar con algunas plantas de cacao criollo. De esas cruzadas, cual detectives de los cacaos, han dado con una certeza. “En Venezuela hay muchos cacaos criollos, pero comercialmente no se aprovechan”. Hay mucho por hacer para rescatar esta bendición. “Hoy se producen 17.000 a 18.000 kilos de cacao al año en Venezuela cuando hace 200 años llegamos a 20.000 toneladas. Fuimos el principal productor de cacao y el principal exportador”, recuerda Álvaro Gómez quien trabaja con el convencimiento de que lo mucho que se puede lograr.

Por ello, han reservado esa riqueza genética en bancos de germoplasma que aguardan en el país a la espera de productores que aprovechen ese material. Algunos, las excepciones, han apostado por estos cacaos insignes. En La Hacienda San José de Paria lo hacen. También Calixto López, descendiente de cacaoteros y un convencido de la calidad de estas semillas únicas en el planeta.

En Agua Fría, cerca de Río Caribe, rescató una vieja finca. Con asesoría pudo distinguir nueve plantas de cacao criollo. Las mismas que otros productores descartaban porque pensaban que estaban enfermas. Eso fue el 2002. Y ya, gracias a constancia y persistencia, las ha multiplicado a más de 1700. “Hay mucho cacao bueno pero el desconocimiento no nos deja valorarlo”, sabe. Él defiende las plantas que sabe excepcionales. “Estas son las pepitas de oro. Cuando yo comencé me llamaban loco. Sé que el cacao es el árbol de la vida. El petróleo tiende a acabarse. Y estas plantas son eternas”.

En Cacao de Origen de La Trinidad, elaboran su primera tableta de chocolate con el cacao de López, como bien anuncian en su etiqueta. Él se llevó los chocolates a su tierra para mostrar con pruebas que su convicción, vale la pena.

 

 

 

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Del grano a la tableta

Algunos chocolateros venezolanos artesanales lo hacen antes que apareciera la tendencia en el planeta sin saberlo. La efervescencia de los que se apuntan en la oleada de From Bean to bar comenzó a tomar auge en Estados Unidos y ahora se multiplica en otros lugares del planeta.

Así lo contó la experta francesa en chocolates Chloe Doutre-Roussel en el taller que dictara en la Universidad Simón Bolívar, gracias a la invitación de María Fernanda Di Giacobbe y su Cacao de origen. Los cultores de la tendencia, en su mayoría norteamericanos, venían de otras profesiones, decidieron experimentar en sus casas y garajes elaborando chocolate artesanal que venden por Internet y que logran en pequeñas cantidades. En sus tabletas hacen énfasis en el cacao que utilizan, ofrecen buenos precios a sus productores y proponen chocolates que enaltecen los atributoos del cacao que utilizan sin esconderlos con otros añadidos.

Los precursores de esta nueva avanzada serían los artífices de Sharffen Berger en San Francisco: Robert Steimberg y Jhon Shaffenberger. Steve De Vries también se anotó entre los primeros cultores: artista del vidrio, fue a Costa Rica, vio las plantaciones de cacao, volvió con semillas a su casa, y descubrió que en ellas había un potencial escondido que se perdía en las golosinas masivas.  Compró máquinas vintage y comenzó a hacer el chocolate en casa que le cambió la vida.

Como ellos surgieron muchos más. “Esta es una tendencia que comenzó a ser perceptible en el 2005. Desde entonces al 2009, solo había 5 marcas. Luego han surgido cientos y se están diseminando. Ya están en todo Estados Unidos”, diría Doutre-Roussel. “Antes de ellos el mercado del chocolate en Estados Unidoos eran las golosinas masivas o los caros chocolates europeos”. En la avanzada se suman Mast Brothers, con una tienda en Nueva York y mercadeo atrayente, Amano, Fresco, Taza, entre otros. Un documental bautizado From Bean to Bar comparte su avanzada.

A sus cultores los une el crear pequeñas producciones de chocolate artesanalmente, trabajar desde el cacao que compran directamente, ofrecer precios justos a sus productores y vender sus chocolates, normalmente, a nueve dólares la barra. Algunos han logrado hacerlos con cacao venezolano. Patric chocolate y Rogue Chocolate tienen propuestas con cacao de Río Caribe. En Dandelión, cuando compran cacao de Venezuela, cuentan cómo lo hicieron en sus presentaciones. «Este es un momento en el que en el mundo se busca buen cacao y lo quieren directo de sus productores”, contó Doutre-Roussel.

En Venezuela, aguarda una variedad inédita de cacaos, muchos de sangre criolla, que pueden preciarse de estar entre los mejores del planeta. Una bendición dormida que aguarda por ser honrada y aprovechada en todo su potencial, más al calor de las tendencias que enaltecen el buen cacao en el mundo. Di Giacobbe lo recordó. “En Venezuela somos Bean to Bar desde hace años. Es una tendencia que se puede aprovechar para mercadearnos. Tenemos una multidiversidad de cacaos única. Y 17.000 productores. Podríamos tener 17.000 tabletas distintas que comer, disfrutar y mostrar al mundo”.

Un rico trabajo que está por hacerse. Una de las múltiples posibilidades que ofrece el insigne cacao local, que exige el esmero necesario para aprovecharlo en su excelencia. Y una oportunidad para quienes anhelen dedicarse al placer de trabajar con chocolate.