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Tamara Rodríguez

Allá y acá, la Navidad se envuelve en hojas de plátano

En todas partes donde hayan venezolanos, encontraremos hallacas en Navidad. Gente que en su vida hizo una, aprende. Eso ocurre en Australia  

Las hallacas en Australia no son de carne de canguro ni llevan ají dulce. No suelen cocinarse en fogón de leña ni reunir en su hechura una parranda de amigos. Pero se usan hojas de plátano.

Concertan, sin embargo, un amor por las tradiciones recrecido por la distancia, por saber que los abrazos de la familia extendida son cada vez más difíciles de compartir y cada tropiezo imaginado añade sazón al impoluto recuerdo que suele tener rostro de mujer sea mamá, suegra, abuela, tía, hermana, vecina, lo cual no quiere decir que los hombres estén ausentes.

Allá y acá, en todas partes donde hayan venezolanos, encontraremos hallacas en navidad. Gente que en su vida hizo una, aprende. Se pasan los datos de cual mercadito asiático vende las mejores hojas de plátano, del onoto que llega de Filipinas, de quien vende el mejor cochino y si en alguna carnicería china se consigue gallina pues en los supermercados no hay. La mayoría las prepara para la familia pero si la sazón es buena y la voz se corre pronto llegan los encargos y se arma el negocio navideño.

Venezolanos en el sudeste asiático

Isabel Cubillán tenía veinte años viajando a Australia a visitar a la hija y hace cuatro que se mudó a Perth, en la costa oeste del país. “No traje nada, no me gustan los checheres. Cuando me mudé de Maracaibo a la isla de Margarita porque quería vivir en un lugar turístico vendí mi apartamento con todo. Me compré otro apartamento en Margarita y lo volví a llenar pero cuando me vine a Australia por insistencia de mi hija no me traje ni la ropa”, dice rapidito con esa picardía en la voz que también está en su cocina. Isabel recuerda que las hallacas margariteñas llevaban berenjena pero las que ella prepara, aunque busca adaptarse al gusto de quien las pide son más al estilo caraqueño con la receta de Armando Scannone “y le pido los consejos a Sumito Estévez”.

“Para mi lo más importante es el sabor de la masa, que preparo más bien líquida y muy bien sazonada con los caldos de gallina o pollo o de vegetales en las vegetarianas”, explica en perfecto maracucho.

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Hay que usar ingredientes sustitutos

Cuando usa manteca la prepara ella misma a partir de grasa de cochino y le pone “achote filipino que compro en los mercados asiáticos”. “Tengo un frasco inmenso que a veces presto cuando mis amigas no consiguen el onoto”, agrega.

Según la cocinera sus hallacas no son como las de los maracuchos rajados, que las estiran muy bien; tampoco llevan garbanzos pero si pimentón de varios colores en el adorno, aceitunas, alcaparras, encurtidos y una perlita de cebolla encurtida. Como aquí no tiene a quien regalarle las hallacas las vende a quien le encargue con la publicidad del boca a boca.

“El esposo mío, andino y que quién sabe por dónde anda porque soy viuda, hacia una masa tan líquida que la vertía en la hoja con cucharón”, cuenta entre risas.

“Son un trabajón parejo que realizo sola, aprendí sola también, viendo el programa de las Morochas y el de La perfecta ama de casa”, dos iconos de la televisión venezolana de la década de los 60. “Soy más rápida que inmediatamente y no ensucio nada”, añade.

También se hacen hallacas para vender

De las hallacas de Isabel me hablaron Carolina Hernández y Betzy Gamarra, que las hacen para vender. Amigas desde hace unos doce a  Se conocieron en Perth, estrenan este año emprendimiento con sabor a navidad, a cachitos y a pan de jamón, aunque la inspiración hallaquera les viene de la suegra de Carolina, Zully Omana, una tachirense que las impulsó a hacerlas en una de sus visitas, y el recuerdo de sus respectivas abuelas Míria Teresa Hernández y Lucrecia Contreras.

Las noveles cocineras aseguran que la manera en que se envuelvan las hallacas les cambia el sabor y se esmeran en que su empaque de las hojas de plátano sea de cuatro hilos por tres. “Los bollitos andinos son cúbicos y se usa una hoja más larga”, explica Carolina.

Nunca renunciamos a nuestros sabores y menos a las hojas de plátano

Han ido adaptando la receta para hacerla más práctica sin sacrificar el sabor, son organizadísimas, de gorro y guantes, con el país tricolor colgado de las orejas y el cuello, en unas joyitas que hizo Caro que se quita sus zapatos abanderados para cocinar.

En casa de Betzy, que es de San Felipe, las hallacas eran diferentes…” masa embarrada con una espátula especial, sobre la que se vertía una especie de funche o polenta que llevaba hasta apio, si… el de la sopa, y luego una pieza de pollo con hueso y era una historia amarrarlas”.

“Cuando salí de mi casa descubrí otro mundo de hallaca, que no  llevaban ni papa ni zanahoria… no sé si en mi casa éramos tantos que había que rendir la preparación”, recuerda Betzy cuya mamá nunca ha podido viajar a Australia.

Betzy llegó a Perth con un par de morochos de seis meses y la maleta llena de potes de leche deslactosada “y menos mal pues tardamos meses en conseguir una leche que los niños aceptaran, no fue fácil”, responde ante la pregunta de qué fue lo primero que metió en su maleta de inmigrante.

Costumbres que nunca se pierden

A Carolina y Luis Castro Omana, el marido tan hallaquero que se las podría desayunar con pan andino, almorzar y cenar, la maleta se las hicieron las tías pues entre el trabajo, Caro aun estudiando, y los trámites diversos no hallaban tiempo para nada. “Hasta un ventilador querían que nos trajéramos pero fue la tía Dolly las que nos salvó la llegada con un paquete de Harina Pan y unas latas de atún que metió en la maleta”, recuerda Carolina.

“Llegamos a Perth un domingo, muertos de hambre y todo estaba cerrado, pero en el apartohotel pudimos cocinar las arepas sin sal ni nada… nos supieron a gloria”, agrega. Aunque se ven en Australia para toda la vida y extra

Hojas de plátano, recordar es amar

Olga Chinchilla y Mariela Martínez ni viven cerca ni cocinan juntas pero comparten recordar las hallacas como una gran fiesta. En el caso de Olga, llanera de Barinas, se reunían los once hermanos y los vecinos en un alboroto de cerveza, ponche crema y un patio lleno de mesas donde las gaitas se alternaban con música llanera y mexicana todo el día hasta completar unas cuatrocientas hallacas.

Gallina criolla, cochino y lomo de res para el guiso y una masa sazonada que siguiendo su tradición Olga embarra en las hojas de plátano con una cuchara. Lo único dulce de esta preparación es la pasa del adorno y su secreto es que todo es natural, hasta los encurtidos. Su adorno va todo cocido e incluye papa, cebolla, pimentón, aceituna y alcaparra.

Olga llegó a Perth a visitar a su hija Yari, casada con un australiano, y a conocer a su nieta y no ha podido regresar a Venezuela así que se entretiene con la costura, haciendo catalinas y poniendo la nota alegre en el club de latinos Años Dorados que su hija organiza. Lo primero que puso en su maleta fueron las recetas de un curso de panificación que hizo.

Venimos de todas partes con nuestras hojas de plátano

Mariela Martínez, maestra de preescolar y empresaria, llegó con su secador de pelo en el equipaje que trajo desde Chile, donde vivió sus primeros tres años fuera de Venezuela, a los que suma una década en Australia y un negocio de distribución de alimentos latinos que se llama Mamá Elsa como su madre, a quien no logró volver a ver antes de que partiera a otro plano. «Mi mamá  tenía tan buena sazón que picaba todo en el aire y le quedaba divino» rememora. Y no hay que dudarlo.  

En su casa se hacían como mil hallacas, casi siempre en la finca, Los Naranjos, que tenía su padre don José  colindando con Guárico.

“Mi papa contrataba música en vivo y se apertrechaba con docenas de cajas de whisky Dimple”, cuenta Mariela y agrega que la carne del guiso provenía de los mismos animales de la finca. Las hallacas de Mariela son “healthy” así que no les pone manteca de cochino pero sí su trocito de tocino.

No hay cifras actualizadas de cuantos latinos hay en Perth.

Según el censo de 2006, de 25 millones de habitantes en Australia menos de cien mil eran de origen latinoamericano, la mayoría brasileños seguidos por chilenos, salvadoreños, mexicanos, colombianos, peruanos y más recientemente venezolanos.

Enlaces con las RRSS

Mariela Martínez @mamaelsalatinproducts

Carolina Hernández @caroher0808

Betzy Gamarra @betzygamarra

Mariela, Carolina y Betzy y Olga usan la página Venezolanos en Perth en Facebook

Por Tamara Rodríguez

Cocinera, periodista, viajera.
Autora del libro Paria Sabe a Chocolate y co autora de Paria donde Amanece Venezuela.
Chef de Casa Latina Cacao Lab en Malasia, 2017-2019.
Actualmente en Perth, Australia.

2 respuestas a «Allá y acá, la Navidad se envuelve en hojas de plátano»

Felicitaciones a tod@s!!👏🏽👏🏽
Por deleitar el paladar de los habitantes de Australia con esos divinos sabores de nuestra tradición navideña por excelencia, de costumbres y orígenes, de épocas de oro familiar, de donde nos recuerdan lo maravilloso, espectacular y muy familiar que es hacer las hallacas, más que un plato en tiempos de Navidad, significa: reunirse en familia, disfrutar de la parranda del «espíritu de la navidad» del compartir anécdotas, vivencias, música, recetas y hasta las experiencias de cada estado y hasta de cada familia. Me siento muy orgullosa de ser Venezolana y en especial, por ser una de las tías de las emprendedoras » Betzy Gamarra y Carolina Hernández» y a la vez disfrutar por vía online con las incontables videollamadas, que han servido de compañía virtual y a la vez, poder compartir de la tradición de reunirse al momento de su preparación. Desde Chile país que me ha acobijado durante el tiempo que llevo fuera de mi amada tierra y principalmente agradecida con Dios que nos permite continuar llevando por cada rincón de este mundo nuestro sabor venezolano a la mesas de todos los que nos conocen. Gracias por este reportaje que reconoce el esfuerzo, trabajo y deja muy en alto la tradición de nuestros ancestros y familiares.

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