Los buenos pasos de Angélica Locantore

El día que a la joven cocinera Angélica Locantore le tocó preparar dos platos para su equipo mientras ejercía la pasantía en el restaurante El Celler de Can Roca, decidió proponer arepas Reina Pepeadas y un dulce Araguaney de postre con los sabores que le recuerdan a su tierra: gel de parchita, mousse de chocolate venezolano, crujiente de café y sarrapia. También mango y merey. “Durante las pasantías todos preparábamos platos para un concurso en el equipo de cocina. El mío se lo comieron todo. Y quedé en primer lugar”.

Así esta venezolana fue jefa de pastelería de ese restaurante tres estrellas Michelin localizado en Girona, España, que además ha sido considerado el mejor del mundo de acuerdo con la lista The World 50 Best Restaurant.

Locantore comenzó temprano en los fogones con una vocación decidida. Vecina de Los Palos Grandes, en Caracas, cuando tenía apenas 12 años optó por compartir las clases de bachillerato con pasantías en el restaurante Vlassis Le Med. Entonces también empezó su afición por los cursos de cocina, incluidos varios en el Grupo Académico Panadero Pastelero Gapp. “En el primero era la niña del curso y lo hacía con panaderos ya grandes y con oficio”, cuenta quien también jugaba en la Selección de Fútbol Sub 20.

El afán por tener un título universitario la llevó a estudiar Nutrición en la Universidad Central de Venezuela, mientras seguía su periplo en las cocinas: estuvo en el extinto restaurante molecular Shayará a cargo del chef  Eduardo Moreno. También en el Centro de Estudios Gastronómicos Gastronómicos Cega junto al chef Víctor Moreno.

En el restaurante Antigua con la pastelera Florencia Rondón y en el extinto restaurante Mohedano bajo las directrices de los chefs Edgar Leal y Mariana Montero.

Siempre que podía, recuerda, visitaba las páginas de la Escuela Hoffman de Barcelona, España, y su anhelo de estudiar allí se concretó a los 25 años, cuando cursó hostelería y pastelería. Quedar entre los tres mejores del curso le permitió ejercer la pasantía en El Celler de Can Roca. Luego, permaneció dos meses en las cocinas de Michel Bras en Francia. “Estando allá me llamó Jordi Roca para que trabajara con ellos en El Celler”.

En El Celler de Can Roca fue jefa de pastelería, con 12 personas a su cargo. “Hay muchas gente que no aguanta el ritmo. Yo he cree una empatía con Jordi Roca. Sabía lo que quería y lo hacía sin que tuviera que explicarlo demasiado”.

En el restaurante también emprendían giras por el mundo en las que Locantore acompañó a los hermanos Roca. “Fuimos a Estados Unidos, Francia, Japón, Bélgica. 

Aprendí mucho. A manejar el tiempo, por ejemplo, y los nervios en caso de presentar ponencias”.

El Araguaney que preparó durante su pasantía, que le dio el brillo de la venia de ese equipo de cocina, encarna parte de su sentimiento por Venezuela. “Mi país es como una nostalgia que tengo siempre. Le rendiré un dulce homenaje siempre”.

Cada ciclo, por más provechoso que sea, tiene su fin. “Necesitaba un nuevo reto. No me gusta la comodidad porque me aburro´ Es así como llegó a la pastelería Marijn Coertjens en Gante, Bélgica. Allí se encarga de la pastelería y chocolatería. Su jefe es el belga Marijn Coertejens.”Decidí cambiar de área  de pastelería y aprender a llevar un obrador. Marijn fue mi entrenador de pastelería cuando competí por ser mejor maestro chocolatero de España y quedé en segundo lugar”, comparte Locantore. “Aquí hago macarons, postres individuales, tortas, bombones, figuras y esculturas de de chocolate. 

Y según la época Huevos de Pascua o Panettone en Navidad” comparte Locantore, orgullo venezolano que nos representa en el mundo.

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