El nuevo vino

 

 

Esta es la nueva afirmación, que cada día suma más adeptos: El café es el nuevo vino.

 

Ciertamente debería ser al contrario, ya que el café se consume desde mucho antes que el vino, pero es en la cultura europea occidental, donde se le ha catalogado como novedad, después de la invasión turca a Europa.

El café es la segunda bebida más tomada en el mundo, después del agua, y es el segundo comodity más comerciado en el mundo después del petróleo; y precisamente por eso, por lo popular, pienso que no se le ha dado la debida importancia.

Gracias a Dios, la tendencia de una simple taza negra y amarga, está cambiando. Hoy en día, con la tercera ola del café, se está valorando y apreciando más. Se habla decupping, o catas de café, de Specialty Coffee o cafés especiales, hablamos de terroir, lotes y cosechas, al igual que en los vinos.

Los invito a tomar una taza de café, y entenderlo como algo complejo, y caeremos en cuenta de todo lo que contiene la taza. Fragancias, aromas, sabores y retro aromas.

Determinemos el cuerpo, aromas, sabores, qué notas interesantes nos da el café, o por el contrario, si son notas desagradables, consideradas defectos, pues entender a qué se deben dichos defectos. Es debido al origen, al proceso, almacenamiento, tostado o a la extracción?

Con análisis sensorial (el mismo que le aplicamos al vino) podemos descubrir muchas cosas de nuestro café. Ya lo he mencionado, pero los invito de nuevo a ser curiosos con el café, a leer la etiqueta tal como leemos la de una botella de vino.

Buscar el origen (país, región, estado, ubicación geográfica), altura de la finca (metros sobre el nivel del mar), temperatura promedio de la zona, incluso nivel de pluviometría. Deberíamos también saber el proceso, si es lavado o natural, género y variedad, y también el tipo de tostado.

Así de complicado y de satisfactoria puede ser su complejidad. Debemos ir buscando esto con nuestros productores nacionales. Poco a poco nos comprometeremos con un mejor producto, y sabremos qué origen y qué proceso nos gusta más.

En un momento escribí acerca del proyecto de café  “El Laurel”, y así como ese, muchos otros que estamos buscando promover en el país.

Yo estoy convencido que el trabajo en Venezuela ya está andando, falta difundir cultura, y en la medida que entendamos mejor el café, lo respetemos y concienticemos, tomaremos un camino hacia un nivel superior.

Evidentemente hay que darle beneficios justos al productor. Eso se traduce en pagar por la calidad y dejar de ser conformistas. He visto muchas personas en restaurantes devolviendo una botella de vino, porque les parece que está mal conservada, se “agrió”, o sencillamente no está a la temperatura.

Obvio, una botella de vino hoy en día cuesta una cierta cifra, y hay más sommeliers que amantes del café en el país. Una taza de café no cuesta ni el 1% de lo que cuesta una buena botella de vino, y creo que por eso no reclamamos, por su valor.

Pero debemos buscar la excelencia en cualquier cosa que nos pase por el paladar. Podemos tener una cena perfecta, ingredientes de primera, y chef entre los 50 mejores de Latinoamérica, pero si rematamos con un mal café, la cena terminará como un desastre digestivo. Siempre los motivo, y por favor, hagan la prueba, exijamos calidad, para buscar la diferencia y, por supuesto, la excelencia.

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