Dónde vamos

 

 

En mis ya casi tres años dando cursos de barismo, he visto como está cambiando el café en el país. Es por eso que me pregunto hacia dónde vamos. Hace 3 años, el café parecía un mercado desierto, donde teníamos que conformarnos con lo que se servía en cafetines, sin derecho a quejarse, so pena de ser execrados del local.

Llego la hora del consumidor y hacia allá vamos. Llego el momento de que sea el consumidor el que guíe lo que en realidad quiere tomar y cómo lo quiere tomar. Estamos creando una camada de consumidores cultos, instruidos en materia de café. Me parece un poco insólito, que antes de tener cultura de café, la tenemos en vinos y otros destilados, siendo una sociedad con el consumo cafetero bien arraigado.

Esta lucha, como la llamo yo, ya está dando frutos: tenemos una legión de consumidores pendientes de lo que se hace con una máquina de espresso, de la higiene de la máquina, la temperatura, de si el barista purgo la máquina, e incluso, si le hacen algún “latte art” en el cappuccino.

Ya dimos el primer paso para el rescate de nuestro café. Ahora viene el más grande, y es rescatar nuestro grano, nuestro tostado, y en especial a nuestro agricultor.

Hay que hacer un trabajo de conciencia, de sensibilización, un trabajo de cultura de lo nuestro. Muchos consumidores desconocen el origen del café, no solo en Venezuela, sino a nivel mundial. Una vez que entendemos que el café viene de un arbusto, que requiere tiempo para madurar la cereza, que hay un proceso de despulpado, lavado, trillado, tostado, molido y preparación, es que se puede considerar que respetamos el café.  Es un camino que se transita poco a poco.

Encaminados en la etapa de aprender a preparar café (no quiere decir que la vamos a abandonar), en paralelo debemos enseñar la calidad del café desde el grano.

Desarrollando este criterio, y entendiendo que hay que mejorar los precios que se pagan por el café en nuestro país, vamos directamente hacia una explosión tremendamente positiva para el café venezolano. Hacia allá vamos: al mundo de los café especiales, de la calidad, del mejor criterio para el café, y para el agricultor, que obviamente se traduce en calidad de taza para el consumidor, que a su vez, aprende cómo debe prepararse su café, o al menos, cómo debe hacerse de una manera sencilla.

Es una espiral, una mesa de varias patas, que debemos sostener entre todos. Hacia allá vamos, lo afirmo de una manera positiva y enfática. Es muy fácil quejarse, buscar fallas y defectos, muy cómodo. Es más difícil hacer, dejar escuela y formar.

Invito a todos a mirar hacia los lados, países vecinos de centro y Suramérica, que han hecho del café su fuente de sustento y orgullo nacional. Les ha costado tiempo, dinero y mucho sudor, pero nadie dijo que era fácil.

Esa es la visión que tengo, y sé que no es utópico este sueño. Antes de lo que imaginamos, podemos ver este segundo paso, pero hay que trabajar, no podemos esperar que otros lo hagan.

Les dejo estas preguntas: Sabemos dónde se tostó el café de la taza que tenemos en este momento en las manos? Sabemos de qué región del país proviene ese café? Qué variedad es? Cuándo fue tostado? Cuánto se le paga al agricultor por cada saco de café?

Me encantaría recibir sus comentarios, ya que todas estas preguntas y sus respuestas, van a ayudar a que el cambio sea pronto

 

 

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